Contador manual
Un contador de clics grande y sencillo: cuenta con un toque, con el teclado o crea varios contadores con nombre. Todo se queda guardado en tu navegador.
Contador 1
Atajos: Espacio o ↑ para +1, ↓ para −1
Para qué sirve un contador manual
Es la versión digital del contador de mano que usan acomodadores y porteros: perfecto para contar a la gente que entra en un evento y no pasarse del aforo, hacer inventario en un almacén, llevar los puntos de una partida de cartas, contar vueltas a la pista de atletismo o contar puntos y vueltas mientras tejes. Puedes crear un contador distinto para cada cosa que estés siguiendo (por ejemplo, «Adultos» y «Niños») y actualizarlos a la vez: solo tienes que tocar la etiqueta de un contador para convertirlo en el activo.
Atajos de teclado y guardado automático
Cuando necesitas contar rápido sin mirar la pantalla, usa el teclado: la barra espaciadora o la flecha arriba suman 1, y la flecha abajo resta 1. Cada cambio se guarda al instante en el almacenamiento local de tu navegador (localStorage), así que puedes cerrar la página y la próxima vez encontrar todos tus valores tal como los dejaste, incluso sin conexión a internet.
Contar de cabeza falla pasadas unas decenas
El límite no es la memoria, es la interrupción: quien cuenta personas en una entrada pierde el número a la primera pregunta, a la primera llamada, al primer saludo. Con el contador el número vive fuera de la cabeza, y retomarlo cuesta cero.
La otra ganancia es que se puede contar sin mirar: la barra espaciadora o un toque grande en la pantalla, mientras los ojos siguen en lo que hay que contar. Es exactamente el gesto del contador manual mecánico, usado en museos y accesos desde hace sesenta años justo por eso.
Contadores separados para cosas distintas
El caso en el que la cuenta mental se derrumba es cuando hay más de una categoría: adultos y niños, coches y furgonetas, piezas conformes y defectuosas. Un contador por categoría convierte una tarea imposible en tres gestos distintos.
Es el método usado en los inventarios y los controles de calidad: se cuenta por tipo mientras se mira, en vez de tomar nota y reclasificar después. Reclasificar después significa volver a contar, y volver a contar al final del día es el momento en que entran los errores.
Una cuenta hay que guardarla, no solo hacerla
Un número contado y no anotado desaparece al primer cierre de la página, y es la frustración clásica de quien lleva dos horas contando. Un recuento guardado en el navegador permite cerrar, cambiar de sala y retomar donde estaba.
Vale la pena también ponerlo a cero conscientemente: un contador dejado lleno por el turno anterior es peor que uno vacío, porque el número parece bueno. Poner a cero al empezar la cuenta es la costumbre que evita la mayoría de los errores.
Herramientas cercanas
Para contar el tiempo en vez de objetos están Cronómetro en línea y Temporizador en línea. Si la cuenta es de un texto, el camino es Contador de palabras.