Preguntas profundas

Pulsa el botón para obtener una pregunta que invita a la reflexión y a abrirse de verdad.

Para qué sirve

Hay conversaciones que se quedan en la superficie no porque no haya nada que decirse, sino porque ninguno de los dos sabe por dónde empezar. Una pregunta escrita por otra persona quita ese apuro: no la has elegido tú, así que no estás haciendo un interrogatorio, y quien responde no tiene que preguntarse por qué justo esa. Funciona de dos en dos, en pareja, entre amigos de siempre, en familia, y funciona también a solas, como guion para el diario.

Las tres reglas que marcan la diferencia

Pedir permiso. «¿Te apetece una pregunta un poco más seria?» lo cambia todo: da la posibilidad de decir que no, y quien dice que sí ya ha decidido entrar.

Responder tú también. Una pregunta profunda hecha en un solo sentido es un desequilibrio: quien ha respondido se siente expuesto y el otro no. Responder primero, o justo después, devuelve a las dos personas al mismo nivel.

No resolver. Es el error más común y el más difícil de evitar: ante una respuesta difícil sale natural dar un consejo, y casi nunca es lo que hace falta. El silencio después de una respuesta no es un hueco que rellenar, es la parte en la que se está pensando.

Cuándo no es el momento

No en un grupo grande, donde nadie quiere ser el primero en desnudarse delante de doce personas: ahí hacen falta las preguntas ligeras de Preguntas rompehielos. No con quien acabas de conocer. No en una discusión, porque una pregunta profunda en medio de una pelea suena a trampa. Y estas preguntas no son una terapia: si algo de lo que sale es más grande que una conversación, lo correcto es decirlo y no hacer como si se pudiera sostener ahí.

Herramientas cercanas

Para romper el hielo en un grupo nuevo está Preguntas rompehielos, y para una noche más ligera Verdad o reto. Si las preguntas te sirven de guion para escribir, las palabras de lo que escribas las cuenta Contador de palabras, y para un pensamiento al día está Frases motivadoras.