Comprimir imagen
Reduce el peso de tus fotos en segundos. Todo el procesamiento ocurre en tu navegador: la imagen nunca sale de tu dispositivo.
JPG, PNG o WebP, incluso fotos muy grandes
Cómo funciona la compresión de imágenes
La herramienta vuelve a codificar tu imagen con un nivel de calidad que reduce muchísimo el peso del archivo manteniéndola casi idéntica al original. Con calidad al 75%, la mayoría de las fotos adelgazan un 60-80% sin ninguna diferencia visible a simple vista.
¿Por qué comprimir tus imágenes?
Las fotos más ligeras significan webs más rápidas, correos que se envían sin errores de adjunto, más espacio libre en el móvil y subidas más rápidas a redes sociales y portales de venta. Es el primer paso para cualquiera que publique contenido online.
Qué tira realmente el JPEG
No reduce los píxeles: tira los detalles que el ojo nota menos. Divide la imagen en cuadraditos de ocho píxeles de lado, los descompone en frecuencias y conserva de forma tosca las altas, es decir los cambios bruscos. Por eso una foto de un paisaje aguanta perfectamente la compresión y una imagen con texto dentro se deshace enseguida.
El defecto típico se llama artefacto de bloque y se ve en los bordes netos: un halo sucio alrededor de las letras, o el ajedrezado que aparece en los cielos cuando la calidad es demasiado baja. Si en una foto comprimida se ven los cuadraditos, la calidad ha bajado del límite útil y conviene subir diez puntos en vez de aceptarlo.
Por qué no se comprime dos veces
Cada guardado en JPEG vuelve a comprimir desde cero lo que ya estaba comprimido, y los daños se suman: después de unas cuantas vueltas la foto tiene halos por todas partes, aunque cada paso concreto pareciera de calidad alta. Por eso una imagen que va rodando por varios chats acaba llegando irreconocible.
La regla práctica es conservar el original y generar desde ahí cada versión, en vez de comprimir la versión comprimida. Y si una foto hay que recortarla o corregirla, primero se hacen todos los cambios y se comprime una sola vez, al final.
Qué formato para qué
El JPEG es para las fotografías, es decir para las imágenes con degradados continuos. El PNG es para gráficos, texto, capturas y todo lo que tenga bordes netos o transparencia: en una fotografía produce archivos enormes, en una captura produce archivos más pequeños y nítidos. El WebP hace las dos cosas y pesa entre un veinte y un treinta por ciento menos, y a estas alturas lo admiten todos los navegadores.
El error que más se ve es una captura de pantalla guardada en JPEG: el texto se vuelve borroso y el archivo ni siquiera es más ligero, porque el JPEG trabaja mal justamente en los bordes netos. Con una captura, el PNG es la opción correcta, y si el archivo sigue siendo grande el problema es la resolución, no el formato.
Cuánto comprimir, en la práctica
Para una página web la franja útil está entre el setenta y el ochenta por ciento de calidad, y el peso que hay que vigilar es el de cada imagen, no el total: una página con diez fotos de un megabyte cada una no se abre con una conexión móvil. Para un adjunto de correo conviene quedarse bastante por debajo del límite declarado, porque adjuntos los archivos crecen alrededor de un tercio.
La cuenta que casi nadie hace es que reducir las medidas pesa más que comprimir: reducir a la mitad ancho y alto quita tres cuartas partes de los píxeles, y ninguna calidad JPEG consigue otro tanto sin estropear la imagen. Si una foto de móvil tiene que ir en un documento, el primer paso es redimensionarla.
Herramientas cercanas
Para acertar un peso exacto está Comprimir a un peso exacto, para cambiar las medidas Redimensionar foto y para cambiar de formato Convertir imagen. Para saber cuánto pesa y cuánto mide una foto Dimensiones e info de la foto, y para quitar los datos ocultos Quitar los metadatos.