Cambiar velocidad & volumen

Ralentiza o acelera un archivo de audio y ajusta el volumen, con vista previa y descarga. Todo funciona en tu navegador y el archivo nunca sale de tu dispositivo.

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Velocidad y tono

Acelerar el audio lo acorta y sube ligeramente el tono (efecto «ardilla»); ralentizarlo hace lo contrario. Va bien para efectos divertidos, para escuchar antes una nota de voz o para ralentizar un pasaje musical y estudiarlo.

Cuidado con el volumen

Subir el volumen por encima del 100% puede añadir distorsión si el audio ya estaba alto. Si oyes crujidos, bájalo un poco: mejor un volumen limpio que una pista saturada. Para saber cuántos dB subirlo de verdad, mídelo con Volumen del vídeo (LUFS).

Por qué al cambiar la velocidad cambia también la voz

Acelerar un audio significa hacer correr las muestras más deprisa, y todas las frecuencias suben con ellas: la voz se vuelve más aguda, como los viejos discos de 45 revoluciones reproducidos a 78. Es el efecto que se oye siempre cuando velocidad y tono siguen atados, y es lo que hace esta página.

El vínculo se puede romper con un procedimiento distinto, el time stretching, que alarga o acorta el audio a trocitos manteniendo el tono quieto: es lo que usan los reproductores de pódcast para reproducir a 1,5x sin convertir a todos en un dibujo animado. Cuesta mucho más de calcular y, forzado más allá de cierto punto, introduce un timbre metálico reconocible.

Hasta dónde se puede acelerar un habla

La comprensión aguanta bien hasta alrededor de 1,5 veces la velocidad normal; entre 1,5 y 2 el cerebro se adapta en pocos minutos si el habla es clara y está bien grabada; más allá de 2,5 la comprensión se desploma para casi todo el mundo, y no es cuestión de costumbre sino de cuánto tiempo hace falta para distinguir las consonantes.

Hay dos cosas que mueven ese umbral. El material: un habla lenta y bien articulada aguanta mucho más que una conversación solapada o una lengua extranjera. Y el tipo de escucha: para seguir una clase que hay que entender se va más despacio que para repasar algo que ya se conoce.

Ralentizar, y para qué sirve de verdad

La ralentización es la herramienta de quien estudia una pieza musical: llevar un solo a la mitad de velocidad permite oír las notas sueltas, y la mano las aprende al tempo correcto solo después. Sirve también para transcribir una entrevista difícil, y para entender una lengua extranjera hablada rápido.

Ralentizando mucho, sin embargo, el audio empieza a sonar hinchado y emborronado: por debajo de la mitad de la velocidad original el defecto es evidente con cualquier método. Para el estudio musical conviene bajar por escalones, quedarse en el valor más alto en el que el pasaje todavía se oye claro, y subir poco a poco.

El volumen, y el límite que no se puede pasar

Subir el volumen por encima del cien por cien no añade información: multiplica las muestras, y las que superan el máximo representable quedan cortadas en seco. El resultado es una distorsión seca que no se puede quitar después, porque el dato original ya no está.

Si un audio es demasiado bajo en general, el camino correcto no es subirlo hasta que distorsione sino normalizar, es decir llevar el pico más alto al máximo y escalar todo lo demás en proporción. Y si el problema es que las partes fuertes y las flojas están demasiado separadas, entonces hace falta un compresor, que es otra cosa y pertenece a un programa de montaje.

Herramientas cercanas

Para recortar un trozo está Cortar audio, para juntar varios Unir audio y para el formato Convertir audio. Para medir cuánto suena realmente una pista está Volumen del vídeo, y para el audio dentro de un vídeo Extraer audio del vídeo.