Adivinanzas

Pulsa el botón para ver una adivinanza: intenta resolverla y luego descubre la respuesta.

Para qué sirve

Una colección de adivinanzas clásicas para entrenar la mente y pasarlo bien en familia o con amigos. Lee la adivinanza, piensa un poco y luego descubre la respuesta.

Consejo

Perfectas para niños, fiestas, viajes y ratos de espera. ¡Prueba a inventar otras nuevas a partir de estas!

Cómo está hecha una adivinanza

Casi todas funcionan igual: describen una cosa con palabras que hacen pensar en otra, aprovechando un doble sentido o una metáfora que quien escucha se toma al pie de la letra. «Tiene dientes y no muerde» funciona porque la palabra dientes evoca una boca, y la solución es un peine.

El mecanismo se llama despiste, y su elegancia está en que toda la información es verdadera: ninguna adivinanza bien hecha miente. Quien la resuelve no descubre un dato oculto, cambia la forma de leer lo que ya tenía delante, y por eso la solución, una vez dicha, parece obvia.

Por qué la solución llega cuando dejas de buscarla

Es un fenómeno conocido en psicología con el nombre de fijación: después de haber interpretado «dientes» como parte de una boca, el cerebro sigue buscando en esa dirección y no consigue soltarla. La solución llega casi siempre después de una pausa, cuando la interpretación equivocada se ha debilitado.

De ahí el consejo práctico para una velada en familia: no dar la respuesta enseguida, sino dejar la adivinanza en suspenso y volver a ella diez minutos después. Es también la razón por la que los niños a veces las resuelven antes que los adultos: tienen menos interpretaciones consolidadas que abandonar.

Son más viejas que casi todo

La adivinanza es uno de los géneros más antiguos que se conocen: las hay en tablillas sumerias de hace cuatro mil años, en papiros egipcios, en la Biblia, en la Edda escandinava y en manuscritos anglosajones, donde un solo códice reúne casi cien. Y está la de la Esfinge, que es quizá la historia más famosa en la que una respuesta equivocada cuesta la vida.

En italiano el primer texto que se considera en lengua vulgar, la Adivinanza veronesa del siglo octavo o noveno, es precisamente una adivinanza: describe a un escriba que siembra sobre un campo blanco con un arado blanco. Es una coincidencia que dice algo sobre el género: jugar con el doble sentido es una de las primeras cosas que se hacen con una lengua nueva.

Cómo se inventa una adivinanza que funcione

Se parte de la solución, no de la pregunta. Se enumeran las características del objeto y se busca cuál de ellas, dicha con las palabras adecuadas, evoca otra cosa. Luego se añaden uno o dos detalles verdaderos que refuerzan la interpretación equivocada, y uno que la contradice, que es el que permite resolverla.

La regla que distingue una buena adivinanza de una frustrante es que la solución, una vez dicha, tiene que hacer decir «era obvio». Si hace falta una explicación, la adivinanza no funciona: significa que el vínculo entre la descripción y el objeto era demasiado débil para encontrarlo.

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