Chistes al azar
Pulsa el botón para un chiste: lee la pregunta y luego descubre el remate.
Para qué sirve
Un montón de chistes listos para sacar una sonrisa: lee la primera parte, intenta adivinar y luego descubre el remate. Perfecto para compartir con los amigos.
Nota
Son chistes ligeros y aptos para toda la familia. Vuelve a pulsar el botón para otro chiste al azar.
Cómo está hecho un chiste
Casi todos comparten la misma estructura: un planteamiento que lleva a quien escucha a construirse una imagen mental, y un remate que la vuelca de golpe. El mecanismo se llama incongruencia resuelta: uno se ríe en el momento en que el cerebro entiende que lo había interpretado todo de otra manera, y es la misma sorpresa que hay detrás de una adivinanza.
De ahí se deduce la regla que conocen todos los cómicos: la palabra que da la vuelta a la situación va al final, no en medio. «Entró un hombre con un pez en la mano en el bar» hace menos gracia que «entró un hombre en el bar con un pez en la mano», y toda la diferencia está en el orden.
Por qué es tan fácil contarlo mal
Porque quien lo cuenta ya conoce el final y, sin darse cuenta, lo anticipa: añade detalles que solo sirven al remate, explica de más o, peor todavía, se ríe antes. El defecto más común es el planteamiento demasiado largo: cada palabra de más entre el principio y el remate afloja la tensión, y la sorpresa llega a un público que mientras tanto ha dejado de esperarla.
El segundo defecto es anunciarlo: «ahora os cuento uno buenísimo» sube las expectativas y quita la ventaja de lo inesperado. Los cómicos profesionales hacen lo contrario, llegan al remate como si todavía estuvieran hablando de otra cosa.
El tempo, que es el oficio de verdad
Entre el planteamiento y el remate hay una pausa, y su duración lo es casi todo: demasiado corta y nadie ha terminado de imaginarse la escena, demasiado larga y la tensión se deshincha. Por eso el mismo chiste funciona con una persona y no con otra, y por eso leído en voz alta rinde más que leído en silencio.
Está además la regla del tres: dos elementos establecen un patrón, el tercero lo rompe. Es el esqueleto de la mitad de los chistes que existen — tres hombres, tres nacionalidades, tres deseos — y funciona porque dos repeticiones son el mínimo para hacer creer a quien escucha que ya sabe adónde va la cosa.
Lo que hace reír cambia, y deprisa
El humor es la cosa más local que existe: depende de la lengua, de las referencias, del momento y del grupo. Un chiste traducido pierde casi siempre el juego de palabras, y uno de hace veinte años exige saber quién era el personaje al que alude. Por eso las colecciones de chistes envejecen más deprisa que casi cualquier otro texto.
Y hay una parte que ha envejecido del todo: los chistes construidos sobre reírse de alguien — una categoría, un país, un defecto — funcionaban porque el grupo estaba de acuerdo sobre quién era la diana. La comicidad que aguanta hoy ha movido la diana: quien cuenta se ríe de sí mismo, y en ese caso se ríe toda la sala en vez de la mitad.
Herramientas cercanas
Para los otros juegos en compañía están Adivinanzas, Preferirías y Quiz de cultura general. Para romper el hielo en un grupo Preguntas rompehielos, y para los sorteos Ruleta de la fortuna.